Una rodada en moto


LDS es un grupo de 8 mujeres moteras. Mujeres y Autos tuvo la oportunidad de conocer a seis de sus integrantes. Adriana que por su alta estatura, luce elegante en una Pulsar NS 200 llamada "Dakota"; Tatiana que tiene una Yamaha FZ16, como su tercera moto desde que empezó su pasión y bautizada como la "Piofa" en homenaje a una fallecida amiga; Diana que es dueña de una Yamaha BWS X, conocida como "Cherry"; Andrea que tiene a su "Coneja", una AKT Dynamic; Catalina que tiene como primera moto una Kawasaki Ninja 250, la " Rana"; y Carolina, llamada con cariño "La Reina del Sur", que tiene en su casa una Kymco Like y su "Negra", una KTM Duke 390. Las otras dos integrantes, que por fuerza mayor no pudieron estar, son Martha que tiene una Yamaha R-15 y Marcela que posee una KTM Duke 200.
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Conocí no hace mucho a una motera que me envitó a una rodada junto con sus amigas. Me dejó claro, después de decirme su nombre, que ellas manejaban motos grandes, motos de verdad, mecánicas y automáticas, de "pelo en pecho". Comentario que me entusiasmó, porque la mayoría de veces observo a muchas mujeres en motos pequeñas.

Pactamos vernos muy temprano el domingo, para ir a desayunar y salir de Bogotá a la rodada. Yo por mi parte, amante de los carros, la velocidad y las competencias, estaba a la expectativa porque jamás me había montado en una motocicleta. Defínase "a la expectativa" como "Dios mío estoy nerviosa", "Que no nos vaya a pasar nada", "¿Y el cinturón de seguridad?" o "¿Y si me voy en bus y nos vemos allá?".

Quizás, la idea central del artículo no es mi experiencia. Pero quiero decir que mi perspectiva cambió al montarme en una moto. No sólo porque experimenté sensaciones de libertad, vértigo, y emoción pero también de susto y estrés, ocasionado, no precisamente por quien manejaba ni por la moto en sí: El mal estado de la malla vial y el miedo de encontrar un hueco a nuestro paso, me hacía temer por mi vida. Eso sumado a la imprudencia de algunos conductores, que sin direccionales, se atravesaban en nuestra vía; o a la indiferencia de muchos, por mandar el carro de forma irresponsable en una salida del carril lento al carril rápido. Ahora sé por qué un motociclista se enoja tanto con algún tipo de circunstancia con otro vehículo (ojo, sin justificar la violencia) que ponga en riesgo su vida: cuando se va en moto, uno hace parte del chasis. ¡Quienes manejan moto están mucho más expuestos! No es lo mismo clavarse en los frenos dentro de un auto a hacerlo en una moto, por ejemplo.



Manejan como niñas

Fuimos a desayunar cerca al Parque Jaime Duque. Allí en medio de tamal, caldo, chocolate y huevos pericos, conocí a cinco mujeres de convicciones muy fuertes, inteligentes, independientes, amables y muy atractivas para el resto de la gente que las miraban con curiosidad y simpatía en la calle, en el parqueadero y allí mismo en el restaurante. Tatiana, Andrea, Diana, Adriana, Catalina y Carolina, junto a dos integrantes más, conformaron hace más de 2 años "LDS", que significa Las De Siempre.

Conducen como niñas: de forma prudente, rápida, ágil y colaborativa. No les da miedo nada, ni subir el velocímetro a más de 120 Km/h, ni acostarse en su moto para mejorar la aerodinámica en carretera. Señalan con sus pies de forma convencional, los huecos, los policías acostados y los altibajos, entre otras cosas para facilitar la movilidad de quien va atrás. Su solidaridad de género es enorme, pues detectan cuando una mujer es principiante y la ayudan en cualquier tipo de dificultad.

Hablan con propiedad de la norma, del Código de Tránsito, leen mucho y saben qué responder y cómo defenderse ante la cantidad de problemas que le ponen a los motociclistas hasta por tener un sticker de fábrica. No creen que la solución para mejorar los problemas de movilidad 
sea el pico y placa y reconocen que si bien es cierto, en la mayoría de accidentes se ve involucrada una moto, no siempre es su culpa. Explican que la gente irresponsable e imprudente es la culpable, así estén en moto, carro o bicicleta.

Muestran con orgullo sus heridas, sus golpes y sus cicatrices, productos de lo que normalmente una persona en moto afronta, como que te gane el peso en un semáforo o en una curva pronunciada a baja velocidad, un hueco cubierto de agua lluvia, la imprudencia de un peatón o un ciclista, las resbalosas cintas blancas pintadas en las cebras, entre otras cosas. Sí, no son muestra de una mal llamada "torpeza femenina", porque esas cosas pasan, pero fueron momentos que quizás por ser la primera vez las hizo pensar en dejar de conducir moto o venderla. 

Pero no son disuadidas fácilmente. Una de ellas, por ejemplo, tenía un evento e iba lista en su moto, pero en el camino se cayó. Imaginarán que quedó vuelta nada. Afortunadamente, sólo su ego sufrió golpes. Ella, al llegar a su casa para cambiarse, pensó en ir en bus, pero se dijo a sí misma: "No estoy pagando por mi moto para dejarla parqueada" y sin dejarse vencer del episodio, llegó al lugar en su "Coneja", como la llama de cariño.

A Catalina, por ejemplo, le aterraba subir los puentes vehiculares con su Kawasaki Ninja 250, la "Rana". Llegaba al punto de desviarse por largos caminos para evitarlos. Pero el afrontar el miedo y pasar por ellos constantemente fue la única manera de vencer ese gran temor, que ya sea en carro o en moto, aflige
 a muchas mujeres.

Ellas comentan que se han caído con su mamá, hermano, novio e hija a bordo, por causa de un SITP, hueco tapado de agua o un carro que sin medir distancia, desestabilizó la moto. Situaciones que las ha hecho reaccionar a sangre fría, levantar su pesado automotor, revisar a su familiar, hacer el reclamo, componer la situación... Y después de un rato, a solas, en la intimidad de un rincón o de un baño, lloran por el susto, para desahogarse.


LDS

Planificaron durante seis meses el logo, su imagen, sus chaquetas verdes reflectivas marcadas con sus nombres, los botones, las gorras. Sus motocicletas están marcadas con un sticker para que en el taller y en el lavadero las reconozcan y las beneficien con descuentos. Tienen un grupo por WhatsApp en el que se comunican en caso de emergencia, dudas o para hacer planes. Disfrutan hacer asados, ver películas, hacerse las uñas, bailar, viajar mucho e incluso escaparse los fines de semana a desayunar.

Cuando una de ellas cambia de moto a una con cilindrada más alta, no tienen reparo en madrugar a las 5 de la mañana para acompañarla. Y en la tarde, otra se turna para acompañarla de regreso a su casa mientras se adapta, porque no es fácil.

Y como no todo en la vida es poner combustible y acelerar, LDS ha apadrinado distintas causas sociales, entre ellas trabajar durante meses por la Fundación Fervor que trabaja en favor de niños y niñas con parálisis cerebral, para dotarla con elementos que necesitaba, de la mano de otros motociclistas de Solidaridad en 2 Ruedas que hicieron presencia en el lugar, rugiendo los motores y siguiendo la caravana de la entrega.

Para este domingo 17 de abril de 2016, LDS y Solidaridad en 2 Ruedas hacen un llamado para la donación de comida y casas para perros, con el objetivo de apoyar a la Fundación Peluditos con Futuro. La idea es que quien se quiera sumar a la iniciativa, lleve alguno de los artículos mencionados o metros de malla para hacer los corrales. Además podrá donar dinero, comprando un delicioso tamal con jugo. El punto de encuentro será en la estación Petrobras de la Calle 80 vía Cota a las 8 de la mañana y a las 8:30 en la estación de Petrobras de Chuzacá para quienes estén más cerca de la Autopista Sur.

La Rodada

Fuimos hasta la Cabaña Alpina, y allí se nos pasó la mañana hablando, riéndonos y hablando sobre motos. Me turnaba como pato en cada una, mientras regresábamos hacia Bogotá. Yo feliz de la vida, porque conocí a cinco mujeres increíbles, a quienes agradezco enormemente la invitación, a Tatiana especialmente por haber sido la de la idea, por estar siempre pendiente de mí, por su amabilidad y por haberse acercado ese día para hablar sobre motores. Fui feliz por sentir ese vértigo a más de 120 Km/h, con un viento muy fuerte de frente en recta, con mi cabello enredado y por la inquietud del por qué no sería mala idea aprender a conducir moto. Por favor, que este comentario quede entre nosotras y que no lo sepan ni mi mamá ni mi papá.

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